La anestesia general duerme al paciente para una intervención quirúrgica. Cómo funciona, sus fases, los fármacos utilizados, la preparación y los riesgos.
La anestesia general: ¿cómo funciona?
La anestesia general es un procedimiento anestesiológico. Consiste en dormir al paciente y ponerlo en condiciones de poder soportar una intervención quirúrgica sin consecuencias significativas. Veamos con más detalle de qué se trata y cómo funciona.
¿Qué sucede exactamente durante la anestesia general?
Las condiciones de la persona bajo anestesia general
La persona sometida a anestesia general se encuentra en un estado de inconsciencia, paralizada y sin sentir dolor. Durante la anestesia la persona no es capaz de respirar de forma autónoma, sus reflejos están abolidos y el corazón y el sistema circulatorio están deprimidos.
Las funciones vitales durante la anestesia general están abolidas: el anestesiólogo «reanima» continuamente a la persona
Las funciones vitales del organismo, reducidas o abolidas por la anestesia, las mantiene el anestesiólogo, que sustituye total o parcialmente las funciones vitales abolidas con sistemas artificiales: una máquina para la respiración artificial y fármacos para el soporte de la circulación.
En esencia, el anestesiólogo realiza una especie de «reanimación» del paciente bajo anestesia, mientras sea necesario continuar con la intervención quirúrgica. Una vez terminada la intervención, se suspenden los fármacos de la anestesia, las funciones vitales de la persona se restablecen poco a poco, ya no es necesario realizar la actividad de reanimación y la persona vuelve a la vida de antes.
Durante la intervención la cantidad de anestesia es variable
Durante la intervención el anestesiólogo adapta la cantidad de fármacos de anestesia y de reanimación a las condiciones específicas del momento, según el tipo de cirugía en curso, las condiciones del paciente y las enfermedades del paciente, que puede recibir o no determinados fármacos a determinadas dosis.
La anestesia debe adaptarse continuamente a las condiciones de la persona y de la intervención
Es una actividad extremadamente compleja porque implica la interacción de múltiples factores (tipo de intervención, tipo de persona, enfermedades de la persona): por eso cada anestesia se «adapta» de forma personalizada a la persona y a su condición específica, lo que la convierte en un arte además de una ciencia.
Los tres principios de la anestesia general: hipnosis, analgesia, relajación muscular
La anestesia general es una condición en la que se coloca al paciente durante una intervención quirúrgica y que en general comprende el sueño (hipnosis), la ausencia de dolor y la ausencia de movimientos musculares. Estas tres condiciones son esenciales en la mayoría de las intervenciones para permitir al cirujano realizar la operación.
La anestesia general comprende el sueño

Todos sabemos que la anestesia general implica «dormir». El sueño inducido por la anestesia general suele ser profundo. Es un sueño artificial, por lo que no sigue las mismas pautas del sueño normal. A veces el paciente sueña, otras no. La profundidad del sueño inducido por la anestesia puede variar, entre la vigilia y el coma profundo. Hoy es posible monitorizar la profundidad del sueño durante la anestesia general con varios métodos.
¿Cómo se controla la profundidad de la anestesia general?
Existen métodos para controlar la profundidad de la anestesia general. La mayoría de los equipos realizan una monitorización con electrodos, como ocurre en el electroencefalograma. Un algoritmo procesa las señales que llegan de los electrodos y en general proporciona un número que es un buen indicador de la profundidad de la anestesia.
¿Cómo se induce y se mantiene el sueño durante la anestesia general?
La inducción del sueño se obtiene con fármacos anestésicos como:
- propofol
- benzodiacepinas: midazolam o diazepam
- barbitúricos: tiopental sódico
- etomidato
El mantenimiento de la anestesia general, en cambio, se obtiene con:
- anestésicos halogenados, que son una especie de gases anestésicos que el paciente respira a través de la máquina de anestesia,
- anestesia intravenosa (TIVA): con el uso del propofol en infusión continua. Con menor frecuencia, con otros fármacos en infusión continua, como lidocaína, clonidina u otros adyuvantes.
La anestesia general comprende la analgesia

Durante la anestesia general el paciente no debe sentir dolor.
Los fármacos que se utilizan en la anestesia general
Los fármacos analgésicos en anestesia: los opiáceos
Por este motivo se administran fármacos analgésicos potentes, por vía intravenosa. Los principales fármacos que se utilizan son los opiáceos, en particular:
- Fentanilo, en administraciones intravenosas repetidas
- Sufentanilo, en infusión continua o en administraciones intravenosas repetidas
- Alfentanilo, en infusión continua o en administraciones intravenosas repetidas
- Remifentanilo, en infusión continua
- Morfina, en administraciones intravenosas repetidas.
- Ketamina, en administraciones intravenosas repetidas o en infusión continua.
Los fármacos analgésicos no opioides en anestesia
Además de los fármacos opiáceos se utilizan también otros fármacos analgésicos. Estos fármacos tienen una acción analgésica directa o bien son eficaces para reducir el dolor en asociación con los demás fármacos analgésicos, es decir, con una función llamada «adyuvante». Recordemos:
- antiinflamatorios no esteroideos, o AINE
- esteroides
- otros adyuvantes, como las butirofenonas (p. ej., haloperidol, droperidol, etc.), la clonidina y otros
La anestesia general comprende la relajación o parálisis muscular
La relajación muscular consiste en la reducción del tono, o tensión, de la musculatura del cuerpo. Puede ser completa, con la abolición total del tono muscular, o parcial, con una reducción del tono muscular.

¿Cuál es el objetivo de la reducción del tono muscular durante la anestesia general?
La intención de reducir el tono muscular puede tener una intensidad diferente: se pasa de abolir por completo los movimientos del cuerpo a reducir el tono muscular, en función del distinto tipo de cirugía que se vaya a realizar.
La parálisis completa de la musculatura durante la anestesia general
La parálisis completa es necesaria para abolir por completo los movimientos corporales automáticos y repentinos, voluntarios e involuntarios, que podrían obstaculizar al cirujano en su trabajo o poner en peligro la vida del paciente. Por ejemplo, durante intervenciones delicadísimas que se realizan al microscopio, como en neurocirugía, cirugía vascular o cirugía cardíaca, un mínimo movimiento del paciente podría resultar incluso fatal para el paciente. En estos casos es esencial que la parálisis muscular sea completa y que se impida cualquier movimiento.
La parálisis completa de la musculatura implica el bloqueo de la musculatura voluntaria o estriada. Esta comprende todos los músculos del movimiento, pero también el diafragma, que nos permite respirar y que es un músculo semivoluntario. Deja inalterada la función de los músculos intestinales, de los de los vasos y del corazón, que puede seguir latiendo libremente porque es un músculo especial. En cambio, el diafragma en general se bloquea durante la relajación muscular y por lo tanto la persona no puede respirar, porque a menudo la respiración autónoma podría obstaculizar las maniobras quirúrgicas durante la intervención.
La reducción del tono muscular durante la anestesia general
En otros casos es posible proporcionar solo una reducción del tono muscular y no una parálisis completa, cuando la intervención quirúrgica que se va a realizar no requiere una precisión tal como para tener que provocar una parálisis total de la musculatura. Es el caso de las intervenciones de mama, de nariz, de cirugía estética y de ortopedia. En estos casos no se utilizan los curares, sino fármacos que puedan provocar una relajación muscular no completa.
Relajación muscular completa, con paralizantes musculares (curares)
Los curares son fármacos que provocan la parálisis de la musculatura estriada, es decir, la voluntaria. Por lo tanto, son capaces de mantener intacta la acción de la musculatura NO VOLUNTARIA, como la lisa y la cardíaca, por lo que el corazón no se ve afectado por su acción.
En cambio, el diafragma, músculo estriado semivoluntario o semiautomático, queda bloqueado por los fármacos paralizantes musculares, los curares. Por este motivo el paciente sometido a anestesia general no puede respirar de forma autónoma y, en consecuencia, debe ser ventilado de forma artificial. La ventilación externa, o artificial, se realiza de forma no invasiva, con la mascarilla facial y la bolsa en caso de anestesias extremadamente breves (por ejemplo, para la reducción de una luxación), o de forma invasiva, conectando el respirador o máquina de anestesia al paciente mediante un circuito y un tubo colocado en la tráquea mediante la intubación traqueal.
Los agentes farmacológicos que se utilizan habitualmente son, entre los curares despolarizantes, la succinilcolina y, entre los curares no despolarizantes, el cisatracurio, el rocuronio y el vecuronio.
Relajación muscular incompleta, con fármacos no paralizantes
También otros fármacos son útiles para provocar una relajación muscular no completa, es decir, una reducción del tono muscular de la persona.
En particular, muchos fármacos anestésicos, como el propofol, las benzodiacepinas y los anestésicos volátiles o halogenados (los «gases anestésicos»), son todos agentes que reducen el tono de la musculatura, provocando por tanto una relajación de la persona.
Se utilizan para reducir el tono muscular en particular en las intervenciones en las que NO se debe PARALIZAR la musculatura, porque hay que controlar las funciones nerviosas. Por ejemplo, en el caso de las intervenciones de columna vertebral, cuando es necesario comprobar de vez en cuando el correcto funcionamiento de las estructuras nerviosas cerca de las cuales está trabajando el cirujano.
Las distintas fases de la anestesia general
La consulta anestesiológica

Nadie puede ser sometido a anestesia general sin haber tenido antes una entrevista con el anestesiólogo, que se llama consulta anestesiológica. Durante la consulta anestesiológica el médico anestesiólogo:
- recoge la anamnesis, es decir, la historia clínica del paciente,
- valora en la exploración física las características del paciente relacionadas con la actividad anestesiológica, centrándose en particular en la posible dificultad de la intubación traqueal con los criterios de intubación difícil (escala de Mallampati y otros)
- prescribe pruebas instrumentales (espirometría, electrocardiograma, análisis de sangre y de orina)
- solicita otras consultas especializadas (consulta de cardiología, consulta de neumología) para las personas con determinadas enfermedades
- valora el riesgo anestesiológico relacionado con el procedimiento (escala ASA para el riesgo anestesiológico)
- recoge el consentimiento a la anestesia y en particular a la anestesia general, especificando el grado de riesgo
Solo la urgencia/emergencia permite prescindir de la consulta anestesiológica detallada: en este caso se realizará una breve entrevista preoperatoria buscando únicamente los aspectos más relevantes.
La preparación para la anestesia general
El ayuno antes de la anestesia general

El paciente debe respetar escrupulosamente el ayuno de alimentos sólidos durante al menos 6 horas antes de la intervención quirúrgica y de líquidos durante al menos 4 horas antes de la intervención. La única excepción es la posibilidad de tomar un sorbo de agua para tomar los medicamentos habituales, si se ha acordado con el anestesiólogo durante la consulta anestesiológica previa a la intervención quirúrgica.
La entrada en el quirófano: el procedimiento de identificación
A la llegada al quirófano el paciente se somete al procedimiento de identificación, en general por parte del enfermero de anestesia. El procedimiento de identificación del paciente forma parte de la lista de verificación intraoperatoria, en particular de la parte inicial, llamada «sign-in».
Se comprueban los datos personales, el tipo de intervención y la firma de los consentimientos a la intervención quirúrgica, a la anestesia en general y a la anestesia general en concreto. Se comprueba además que el paciente esté en ayunas y se verifican sus alergias, para evitar administrar fármacos a los que es alérgico o intolerante.
Preparación del paciente para la anestesia general: la monitorización de las constantes vitales
Una vez realizada la verificación preliminar, al paciente se le monitorizan las constantes vitales, para controlar los valores basales antes de la anestesia. En general se monitorizan la saturación de oxígeno, la presión arterial y el electrocardiograma.
La canalización venosa y otros procedimientos previos a la anestesia general

El paso siguiente consiste en la canalización de una vena periférica, en general del miembro superior. Será fundamental para la administración de los fármacos de la anestesia.
Para algunas intervenciones es necesario colocar un acceso venoso adicional, en particular cuando se prevén posiciones intraoperatorias especiales (por ejemplo, la posición prona, como en las intervenciones de cirugía vertebral), o bien actividades quirúrgicas especiales, como la laparoscopia, que implica colocar los brazos cubiertos a lo largo del cuerpo y, en consecuencia, impide el acceso a los miembros durante la intervención: en este caso los accesos deben colocarse previamente.
En otros casos, cuando la intervención es muy delicada o cuando las condiciones del paciente son muy comprometidas, puede ser necesario colocar también un acceso arterial, es decir, introducir una cánula de plástico en una de las arterias, en general del miembro superior, para controlar de forma continua la presión arterial, instante a instante y no a intervalos de algunos minutos como ocurre normalmente con la medición de la presión arterial con el manguito.
En este punto el paciente está listo para la intervención: se encuentra en la mesa de operaciones y se inician los procedimientos para la anestesia general.
La inducción de la anestesia general

Antes de la inducción de la anestesia general el paciente se somete a la PREOXIGENACIÓN, un procedimiento en el que se le pide que respire oxígeno puro con inspiraciones profundas, por la boca, durante unos 3 minutos. Esto permite modificar la concentración de los gases dentro de los pulmones, elevando la concentración normal de oxígeno en los pulmones, que normalmente es del 21%, como en el aire que respiramos, hasta valores mucho más altos. Así se consigue tener un pulmón rico en oxígeno en el momento de la inducción de la anestesia y, en consecuencia, más tiempo para realizar con mayor seguridad las maniobras de intubación traqueal, durante las cuales el paciente no puede respirar de forma autónoma.
La inducción de la anestesia general se realiza normalmente con la administración de fármacos anestésicos por vía intravenosa. Al paciente se le canaliza una vena de un miembro superior y por la vía venosa se administran los fármacos para la inducción del sueño, de la analgesia y, en su caso, de la relajación muscular.
La inducción de la anestesia general es una fase comparable al despegue de un vuelo en avión. Durante esta fase delicada, igual que el avión pasa de la pista al aire, el paciente pasa de la fase de vigilia a la fase de sueño profundo y de imposibilidad de respirar de forma autónoma.
Por este motivo, una vez profundamente dormido, el anestesiólogo procede al manejo de la vía aérea, es decir, a la colocación de un dispositivo que permita insuflar aire en los pulmones del paciente.
Se puede recurrir a la intubación traqueal, que consiste en introducir un tubo de plástico en la tráquea para poder insuflar aire en los pulmones con una máquina específica, el ventilador mecánico. Como alternativa, en casos específicos y limitados, se puede utilizar la mascarilla laríngea, que es un dispositivo que no se introduce en la tráquea, sino que queda por encima, en la cavidad oral y en la faringe.
El mantenimiento de la anestesia general
Una vez dormido el paciente, colocado el tubo endotraqueal mediante la intubación traqueal y conectado a la máquina de ventilación artificial, comienza la fase de mantenimiento de la anestesia general.
El mantenimiento de la anestesia puede compararse con la fase de crucero de un vuelo en avión.
Las técnicas utilizadas para el mantenimiento de la anestesia general son en general dos: la TIVA o Total Intra Venous Anaesthesia, y el uso de los gases halogenados a través del equipo de anestesia.
La TIVA para el mantenimiento de la anestesia general
La anestesia general se puede mantener con infusión intravenosa continua de fármacos anestésicos. El más utilizado y difundido es el propofol. La infusión puede realizarse de dos modos: TIVA simple y TIVA-TCI, es decir, Target-Control Infusion.
En la modalidad TIVA simple se utiliza una bomba de infusión simple, programada en ml/h, que proporciona una infusión continua y constante de la misma cantidad de anestésico a lo largo del tiempo, que puede modificarse manualmente según las necesidades.
La modalidad Target Control Infusion, en cambio, prevé que la bomba de infusión siga un protocolo específico, diseñado sobre las propiedades farmacocinéticas del fármaco elegido y adaptado a los parámetros específicos del paciente, como peso, altura, edad y sexo. Según los parámetros proporcionados a la bomba, el sistema calcula la cinética del fármaco y determina de forma autónoma la cantidad de anestésico que debe infundir para alcanzar la concentración objetivo que define el anestesiólogo.
Este sistema es más sencillo, porque el anestesiólogo no tiene que hacer cálculos mentales complejos, y más preciso, porque tiene en cuenta la distribución del fármaco en el organismo, que con el tiempo hace necesario reducir la cantidad infundida para mantener constante el efecto del fármaco. Este ajuste, necesario para anestesias generales de larga duración, debe hacerse en cambio manualmente con el método TIVA.
Los gases halogenados en el mantenimiento de la anestesia general
El mantenimiento de la anestesia general también es posible con los anestésicos volátiles, impropiamente llamados gaseosos. Se trata de agentes administrados por vía inhalatoria, dentro del circuito de la máquina de ventilación artificial.
El paciente respira una mezcla de aire y anestésico, que llega a las células nerviosas y las mantiene «inactivas», induciendo la hipnosis.
Los anestésicos volátiles, o halogenados, tienen también efecto analgésico y miorrelajante, por lo que pueden ejercer una acción sinérgica y combinada con los demás anestésicos generales.
Los principales anestésicos gaseosos actualmente en uso son el sevoflurano y el desflurano. Con menor frecuencia todavía se encuentran el halotano o el isoflurano.
La anestesia con gases se puede modular más rápidamente durante la intervención según la necesidad de aumentar o disminuir la profundidad de la anestesia.
El despertar de la anestesia general

Terminado el procedimiento quirúrgico, se produce el despertar de la anestesia. El despertar de la anestesia general se produce habitualmente en el quirófano, nada más concluir la intervención quirúrgica, directamente en la mesa de operaciones.
En algunos casos, por razones logísticas, es posible que el paciente sea trasladado, todavía dormido e intubado, a otro lugar, la sala de recuperación (recovery room), un espacio dedicado en el que el despertar tendrá lugar en presencia de un enfermero y, en algunos casos, de un anestesiólogo dedicado.
Esta última fase de la anestesia se compara con el aterrizaje del avión.
En el caso del mantenimiento con anestesia intravenosa, se suspende la infusión continua del fármaco, que se elimina poco a poco. En cambio, en el caso de la anestesia gaseosa, se interrumpe el flujo de gas dentro del circuito y el gas presente en el cerebro y en la sangre se expulsa poco a poco del organismo a través del sistema respiratorio.
El despertar de la anestesia totalmente intravenosa
En el caso de la anestesia totalmente intravenosa, o TIVA, realizada en general con el fármaco propofol, el despertar suele ser repentino, en el sentido de que el paciente pasa de forma inmediata del estado de sueño al estado de vigilia, sin aviso previo. El paciente se orienta pronto, es capaz de comprender dónde se encuentra y recuerda que iba a ser sometido a una intervención quirúrgica.
El despertar de la anestesia gaseosa
El despertar de la anestesia realizada con anestésicos halogenados, en cambio, es en general más lento, más gradual. El paciente, a medida que se despierta, a menudo está confuso y en algunos casos puede incluso mostrar comportamientos agresivos.
Dado que el sistema de eliminación de los gases, es decir, el sistema respiratorio, es el mismo que puede quedar deprimido por la acción del propio gas, es importante vigilar con atención al paciente después del despertar, porque podría volver a dormirse, adormecerse, deprimir su respiración y, en consecuencia, quedar en apnea, porque en ese momento el gas acumulado en el cuerpo, especialmente después de una anestesia prolongada, tendería a acumularse de nuevo en la sangre, manteniendo el estado de apnea y de falta de vigilancia, con consecuencias potencialmente graves.
De todos modos, la anestesia gaseosa está muy difundida porque permite tiempos de despertar, de media, más rápidos que la anestesia intravenosa.
La recuperación de la anestesia general
Una vez producido el despertar, en el quirófano o en la sala de recuperación, el paciente es acompañado (o ya se encuentra) a la sala de recuperación, que es un espacio dedicado en el que tiene lugar la recuperación de la anestesia.
En esta fase se monitorizan las constantes vitales y el nivel de conciencia del paciente: hay que evitar que vuelva a adormecerse o deje de respirar, en particular si ha sido sometido a anestesia gaseosa, en la que el sistema de eliminación del gas anestésico es el propio sistema respiratorio, que podría dejar de funcionar en el momento en que el nivel de gas anestésico en la sangre volviera a valores elevados y capaces de bloquear el centro respiratorio.
¿Cómo prepararse para la anestesia general?
Para afrontar una anestesia general primero hay que hacer una consulta anestesiológica

Durante la consulta anestesiológica el anestesiólogo conoce a la persona con todas sus particularidades, enfermedades, condiciones y fármacos que toma y, según el tipo de intervención quirúrgica prevista, elige el tipo de anestesia más adecuado, valora cómo deberá prepararse el paciente y prescribe qué tratamientos deberá tomar o modificar antes de la intervención.
Hay que afrontar la anestesia general en ayunas

Hay que presentarse en el quirófano en ayunas de LÍQUIDOS durante al menos 4 horas y de SÓLIDOS durante al menos 6 horas.
El día anterior a la intervención es aconsejable alimentarse correctamente con comidas ligeras y fáciles de digerir.
Conviene mantener una hidratación correcta hasta 4 horas antes de la intervención, para no llegar ya deshidratado a la intervención quirúrgica.
Hay que tomar los medicamentos con un poco de agua

Los medicamentos que el paciente toma habitualmente deben tomarse también el día de la anestesia. Esto es porque es importante que la persona llegue a la intervención en las condiciones más «normales» posibles respecto a su equilibrio habitual.
Hay algunas excepciones que el anestesiólogo identificará durante la consulta anestesiológica. En este caso se propondrán modificaciones al plan terapéutico habitual del paciente, de acuerdo, si es necesario, también con los otros médicos especialistas.
Complicaciones y riesgos de la anestesia general
La anestesia mejoró mucho a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, hasta alcanzar elevados estándares de calidad en los primeros años 2000. A pesar de la mejora continua de las técnicas, los fármacos y los equipos, siempre persisten complicaciones, efectos secundarios y riesgos, intrínsecos a un método que, de todos modos, es potencialmente arriesgado.
Veamos aquí cuáles son las complicaciones y los riesgos de la anestesia general, ordenados por probabilidad decreciente.
– Complicaciones de la anestesia general muy frecuentes (entre 1/10- 1/100 personas)
Náuseas y vómitos:
Algunos tipos de cirugía, procedimientos anestesiológicos y fármacos analgésicos pueden favorecer la aparición de náuseas y/o vómitos. Estos efectos secundarios pueden prevenirse y/o tratarse con fármacos específicos.
Estos efectos secundarios suelen durar pocas horas o como máximo 2-3 días.
Dolor de garganta:
Es un fenómeno bastante común después de una anestesia general que haya requerido la colocación de un tubo endotraqueal para la respiración artificial durante el procedimiento quirúrgico. Se debe a la irritación de las cuerdas vocales y de los primeros anillos traqueales por el cuerpo extraño, el tubo endotraqueal, que se apoya en ellos. Es similar a un dolor de garganta común y, salvo en casos raros, tiende a desaparecer en medio día.
Mareos, malestar general:
Estos fenómenos pueden deberse al efecto de algunos fármacos usados para la anestesia o a variaciones inducidas en la presión arterial.
Son efectos fácilmente controlables con la administración de fármacos específicos o con la administración intravenosa de líquidos y pueden persistir durante un período de tiempo algo más largo.
Escalofríos
Este fenómeno puede deberse a la pérdida de calor (sobre todo en las intervenciones quirúrgicas de larga duración), al estrés y al efecto de algunos fármacos.
El fenómeno puede contenerse con el uso de sistemas de calentamiento de superficie, que darán confort durante y después de la anestesia. También es posible administrar en el postoperatorio fármacos (como la clonidina) que reducen el fenómeno.
Dolor de cabeza:
Se debe al efecto de algunos fármacos anestésicos, a la cirugía y al estado de ansiedad. Es un fenómeno común, pero también pasajero.
Pueden aparecer formas más intensas después de una anestesia general combinada con una anestesia espinal o epidural. En este caso el diagnóstico y el tratamiento corresponden a los de las punciones accidentales de la duramadre, que veremos en otro lugar.
Picor:
El picor después de la anestesia puede ser efecto secundario de los fármacos opiáceos utilizados durante la intervención (por ejemplo, la morfina), o bien de sustancias medicamentosas o productos sanitarios que no tienen ninguna relación con la anestesia, como por ejemplo los antibióticos usados durante el acto quirúrgico o los desinfectantes. Por este motivo es importante, en primer lugar, intentar identificar la causa del fenómeno.
En general el tratamiento consiste en el uso de fármacos antihistamínicos.
Dolor de espalda y de articulaciones:
Durante la intervención quirúrgica el paciente a menudo permanece en la misma posición, sobre la mesa de operaciones, durante varias horas, a menudo curarizado, es decir, con los músculos incapaces de mantener un tono eficaz. Por consiguiente, algunas posiciones adoptadas durante la intervención pueden ser «incómodas», porque tensan los músculos de forma anómala. Para evitar esta situación es aconsejable, si es posible, colocar al paciente en la posición intraoperatoria definitiva antes del inicio de la anestesia general, para asegurarse de que esa posición sea cómoda y no tense la musculatura. Sin embargo, a pesar de la atención que se pone en garantizar una posición correcta durante la anestesia, algunos pacientes pueden notar molestias en algunas zonas del cuerpo (espalda, articulaciones).
En este caso el tratamiento consistirá en la administración de analgésicos y/o relajantes musculares.
Estado confusional y alteración de la memoria:
Es una complicación bastante común en las personas mayores sometidas a anestesia general. Las causas son múltiples. Este fenómeno puede durar algunos días, hasta algunas semanas.
– Complicaciones de la anestesia general POCO FRECUENTES (1/1.000 personas)
Infecciones broncopulmonares:
Estas complicaciones pueden producirse sobre todo en las personas que fuman. Los fumadores presentan un funcionamiento alterado de las células que eliminan la mucosidad y, además, la mucosidad es más abundante y más densa que en quien no fuma. Durante la intervención, la imposibilidad de toser y de eliminar las secreciones con la tos tiende a hacer que se acumule una mayor cantidad de flemas en los fumadores y se relaciona con un mayor número de infecciones pulmonares.
Por lo tanto, es de fundamental importancia dejar de fumar durante un largo período antes de someterse a un tratamiento anestesiológico.
Problemas urinarios:
Después de la anestesia general y en combinación con algunos tipos particulares de cirugía pueden producirse dificultades transitorias para orinar. Son mucho más frecuentes en combinación con la anestesia espinal o epidural.
Para prevenir o controlar este fenómeno, podría ser necesario el uso de una sonda vesical hasta que se restablezcan correctamente las funciones de la vejiga.
Dolores musculares:
Estos dolores son consecuencia del uso de un fármaco para la anestesia. Se trata de un relajante muscular que se utiliza sobre todo en situaciones de emergencia.
Lesiones en dientes, labios, lengua:
Pueden producirse daños en estas estructuras en el momento del despertar o en el momento de la inducción de la anestesia, en caso de que el anestesiólogo encuentre dificultades para colocar el tubo endotraqueal.
Esto es mucho más probable en caso de anomalías anatómicas que puedan provocar una intubación difícil o de procesos fisiopatológicos que puedan limitar la apertura de la boca. Por este motivo, durante la valoración anestesiológica se buscan los criterios anatomofisiológicos de intubación difícil. Aunque estas precauciones limitan la probabilidad de daño accidental, este tipo de lesiones se producen con cierta frecuencia, ya que la maniobra de intubación traqueal es de todos modos invasiva y potencialmente arriesgada.
Empeoramiento de una enfermedad preexistente:
En el caso de enfermedades preexistentes a la intervención quirúrgica, estas podrían reaparecer o empeorar después de la anestesia.
El anestesiólogo, antes, durante y después de la intervención, pondrá en práctica toda una serie de procedimientos para limitar al máximo el riesgo de que esto ocurra.
Despertar intraoperatorio (Awareness):
Es un fenómeno posible pero raro (se estima una probabilidad de alrededor del 0,2%).
Algunos tipos de cirugía se ven más afectados que otros por este fenómeno (cesárea con anestesia general y/o de urgencia, cirugía cardíaca, cirugía de urgencia).
Esto suele ocurrir cuando los pacientes presentan una anomalía en el metabolismo de los fármacos, es decir, los eliminan más rápidamente de lo normal. En otros casos es posible que la anestesia no sea suficiente, porque la persona está en condiciones críticas que requieren una anestesia más superficial. Sin embargo, en condiciones normales el evento es poco común, porque hoy en día existen los sistemas de control de la profundidad de la anestesia, que permiten reducir el riesgo de este fenómeno.
– Complicaciones de la anestesia RARAS o EXCEPCIONALES (1/10.000-200.000 casos)
Lesiones oculares:
El anestesiólogo pone gran cuidado en proteger los ojos del paciente, colocando adhesivos que mantienen cerrados los párpados durante la intervención con anestesia general.
A pesar de estas precauciones, al despertar en raras ocasiones se puede notar escozor o enrojecimiento en los ojos.
El fenómeno es limitado y responde bien a la administración de colirios o pomadas oftálmicas.
Reacciones alérgicas:
Son fenómenos raros que se producen con mayor frecuencia tras la administración de antibióticos durante la intervención; con menor frecuencia, como reacción a los productos químicos de desinfección de la piel, a los medios de contraste intraoperatorios para los procedimientos radiológicos o a los fármacos anestésicos.
Estos episodios se tratan siempre con inmediatez y rapidez, porque el anestesiólogo, al ser el médico de la emergencia por excelencia, está en su campo de actuación ante este tipo de situaciones.
Se calcula que la incidencia de anafilaxia en el quirófano puede estimarse en torno a un caso cada 10.000-13.000 anestesias. Los curares son los fármacos más implicados, en el 50-70% de los casos, el látex en el 15%, los antibióticos en el 8%, los hipnóticos en el 5%, los coloides en el 3% y los opioides en el 2%.
Lesiones nerviosas periféricas:
Los daños a las estructuras nerviosas pueden deberse a la lesión provocada por una aguja para realizar una anestesia regional o a una compresión producida durante la intervención en posiciones no fisiológicas.
La mayoría de estos fenómenos son transitorios y remiten en un tiempo variable según el tipo de problema ocurrido.
Muerte o lesiones cerebrales permanentes:
La muerte debida a una anestesia es verdaderamente excepcional y en general es consecuencia de cuatro o cinco complicaciones surgidas al mismo tiempo.
Existe una probabilidad de cuatro o cinco muertes por cada millón de anestesias.
Conclusión y reflexiones
La anestesia general es hoy una técnica muy segura. Se practica habitualmente, pero no está exenta de riesgos. Seguir las indicaciones del propio anestesiólogo puede contribuir a mejorar el resultado final.
A veces la anestesia general se combina con técnicas adicionales o complementarias. En caso de que se prevea el uso de una técnica especial, la información necesaria se proporcionará durante la entrevista y la consulta anestesiológica. Tras una reflexión atenta sobre los posibles riesgos y beneficios, el paciente podrá dar el consentimiento informado por escrito.
En caso de necesidad, el anestesiólogo podría modificar la conducta perioperatoria programada, con el único interés de salvaguardar la salud del paciente.

Dr. Marco De Nardin
Médico Cirujano, Especialista en Anestesiología, Cuidados Intensivos y Tratamiento del Dolor
El Dr. Marco De Nardin es médico especialista en Anestesiología, Cuidados Intensivos y Tratamiento del Dolor. Completó su formación médica y especialización en Italia, donde continúa ejerciendo en sus clínicas privadas de Mestre (Venecia) y Milán. Con una amplia experiencia clínica adquirida entre quirófanos, unidades de cuidados intensivos y consultas de dolor, el Dr. De Nardin aporta una perspectiva única que conecta la medicina de agudos con el manejo de patologías crónicas. Su práctica clínica se centra en la anestesia locorregional, la ozonoterapia, la terapia infusional intravenosa y los enfoques integrativos del tratamiento del dolor. Es el fundador de Med4Care, una plataforma de información médica que ofrece contenidos sanitarios basados en la evidencia y revisados por médicos en activo. Cada artículo publicado bajo su nombre refleja su compromiso de hacer accesibles al paciente temas médicos complejos, sin sacrificar el rigor científico.



