Trastorno bipolar: cómo se reconoce, por qué se trata a largo plazo, qué fármacos y psicoterapias funcionan y las advertencias sobre el valproato.
El trastorno bipolar, también llamado bipolaridad, es una enfermedad del estado de ánimo que alterna periodos de depresión con periodos de euforia y de energía excesiva. No es un simple «carácter cambiante»: es una condición crónica, que suele empezar a una edad temprana y que, con los tratamientos adecuados, puede mantenerse bajo control durante muchos años.
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Qué es el trastorno bipolar
En el trastorno bipolar se alternan episodios de ánimo muy bajo, parecidos a la depresión, y episodios de ánimo elevado o irritable, con mucha energía y poca necesidad de dormir. Entre un episodio y otro muchas personas están bien durante largos periodos.
Se distinguen tres formas principales:
- trastorno bipolar de tipo I: al menos un episodio maníaco, es decir, una fase de euforia o irritabilidad intensa que dura días, afecta la vida diaria y a veces requiere hospitalización;
- trastorno bipolar de tipo II: episodios depresivos que se alternan con episodios hipomaníacos, más leves y breves que la manía;
- ciclotimia: oscilaciones del ánimo más leves pero persistentes, durante al menos dos años.
Qué tan frecuente es
Según la Organización Mundial de la Salud, en 2023 vivían con un trastorno bipolar unos 36 millones de personas, el 0,4% de la población mundial. Los estudios que consideran también las formas menos graves y toda la vida de la persona llegan a estimaciones más altas, por encima del 1% de la población. La enfermedad es una de las principales causas de discapacidad en los jóvenes.
Las causas
El trastorno bipolar surge de la combinación entre una predisposición biológica y los factores ambientales. Los antecedentes familiares son el factor más importante: tener un padre, una madre o un hermano con el trastorno aumenta el riesgo. Entre los factores que pueden desencadenar un episodio están el estrés, la falta de sueño, la alteración de los ritmos diarios y el consumo de alcohol y otras sustancias.
Los síntomas
La fase depresiva
En la fase depresiva aparecen tristeza, pérdida de interés, cansancio, trastornos del sueño, dificultad de concentración, sentimientos de culpa y, a veces, pensamientos de muerte. A menudo es la fase más larga y la que más pesa en la vida de la persona.
La fase maníaca e hipomaníaca
En la manía la persona se siente llena de energía, duerme pocas horas sin sentirse cansada, habla mucho y deprisa, salta de una idea a otra, tiene una autoestima excesiva y puede tomar decisiones arriesgadas, por ejemplo gastos impulsivos. En las formas graves pueden aparecer síntomas psicóticos. La hipomanía tiene los mismos síntomas de forma más leve, y quien la vive a menudo no la reconoce como un problema.
Los episodios mixtos
En los episodios mixtos, los síntomas depresivos y maníacos están presentes a la vez: por ejemplo, ánimo muy bajo con agitación e insomnio. Son fases especialmente delicadas por el riesgo de autolesiones.
El riesgo de suicidio
El trastorno bipolar es una de las enfermedades con el riesgo de suicidio más alto. Una revisión sistemática de 61 estudios estimó que el riesgo de muerte por suicidio es unas 20-30 veces más alto que en la población general. Los factores que lo aumentan son el inicio temprano, los intentos previos, los casos de suicidio en la familia y las otras enfermedades asociadas. El litio es el fármaco que ha mostrado con más claridad un efecto protector: en un metaanálisis de 48 estudios aleatorizados redujo el número de suicidios frente al placebo.
Cómo se hace el diagnóstico
El diagnóstico es clínico y se basa en la historia de la persona, recogida por el psiquiatra también con la ayuda de los familiares, que a menudo recuerdan mejor las fases de euforia. Es difícil porque la enfermedad suele empezar con un episodio depresivo, que puede parecer una depresión común: por eso, ante una depresión, el médico siempre busca signos de episodios hipomaníacos pasados. No existen análisis de sangre ni pruebas instrumentales que confirmen el diagnóstico; sirven, sin embargo, para descartar otras causas, como las enfermedades de la tiroides o el consumo de sustancias.
Los tratamientos
Los fármacos
El tratamiento farmacológico es la base del cuidado y, en la mayoría de los casos, dura mucho tiempo incluso cuando la persona está bien, para prevenir las recaídas. Las guías internacionales más utilizadas, la canadiense y la de la Sociedad Internacional de Trastornos Bipolares, indican como primera elección, según la fase:
- estabilizadores del ánimo: el litio, el fármaco de referencia sobre todo en la prevención de las recaídas; el valproato, usado en la manía y en el mantenimiento; la lamotrigina, indicada sobre todo en la fase depresiva y en el mantenimiento;
- antipsicóticos de segunda generación: la quetiapina, útil tanto en la manía como en la depresión bipolar; la lurasidona para la fase depresiva; el aripiprazol, la risperidona, la asenapina y la cariprazina para la manía.
El litio requiere análisis de sangre periódicos para controlar su concentración y la función de los riñones y de la tiroides. Los antidepresivos se usan con cautela y, según las guías, no solos, porque pueden favorecer el paso a una fase maníaca; las guías los desaconsejan en general en el tratamiento de mantenimiento. Otros anticonvulsivos, como la carbamazepina, se usan en casos seleccionados.
La advertencia sobre el valproato
El valproato puede causar daños graves al bebé si se toma durante el embarazo: según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), malformaciones congénitas en aproximadamente el 10% de los casos (nota informativa de 13 de febrero de 2018), y entre el 30% y el 40% de los niños cuyas madres tomaron valproato en monoterapia durante el embarazo pueden presentar retrasos en el desarrollo temprano (nota informativa de 15 de enero de 2024). Por eso, desde 2018, en el trastorno bipolar su uso está contraindicado en el embarazo y, en las mujeres con capacidad de gestación, no debe utilizarse salvo que no se pueda utilizar otra alternativa terapéutica y además se cumplan las condiciones del plan de prevención de embarazos, que incluye el uso de métodos anticonceptivos (AEMPS, 13 de febrero y 24 de julio de 2018; medidas europeas que se aplican en España). En enero de 2024 la AEMPS, a partir de las recomendaciones del comité europeo de farmacovigilancia, añadió precauciones también para los hombres, por un posible riesgo de trastornos del neurodesarrollo en los hijos: tratamiento iniciado y supervisado por un especialista, valorar métodos anticonceptivos eficaces, también para la pareja, durante el tratamiento y al menos 3 meses después de suspenderlo, y no donar esperma en ese mismo periodo. En junio de 2026 el comité europeo de farmacovigilancia mantuvo estas precauciones, y el boletín de seguridad de la AEMPS de junio de 2026 (publicado el 3 de agosto de 2026) precisa que los datos en los hombres son inconsistentes y que la relación causal con el valproato es incierta. Quien toma valproato nunca debe suspenderlo por su cuenta: debe hablarlo con el médico antes de buscar un embarazo.
Las psicoterapias
Las psicoterapias se suman a los fármacos, no los sustituyen. Un metaanálisis de 39 estudios aleatorizados mostró que las psicoterapias estructuradas, asociadas a los fármacos, reducen las recaídas. Las más eficaces son la psicoeducación en grupo o con la familia, que enseña a reconocer las primeras señales de una nueva fase y a manejar la enfermedad, la terapia cognitivo-conductual y la terapia familiar. La regularidad del sueño y de los ritmos diarios está entre las herramientas más útiles.
Los otros tratamientos
En las fases graves o que no responden a los fármacos se puede recurrir a la terapia electroconvulsiva, que se realiza con anestesia general. También se han estudiado los tratamientos con antidepresivos en el mantenimiento, con resultados que limitan su uso. Sobre la estimulación transcraneal por corriente continua, estudiada sobre todo en la depresión, consulta nuestro artículo dedicado.
Qué significa para el paciente
A los pacientes y a las familias les explico que el trastorno bipolar se trata como una enfermedad crónica, parecida a la diabetes: con un tratamiento continuado, controles periódicos y la capacidad de reconocer pronto las señales de una nueva fase. Algunos puntos prácticos:
- no suspender los fármacos cuando uno está bien: es la causa más frecuente de recaída;
- proteger el sueño: las noches en vela pueden desencadenar una fase maníaca;
- evitar el alcohol y otras sustancias, que empeoran la evolución;
- implicar a la familia, que a menudo es la primera en notar los cambios;
- pedir ayuda de inmediato si aparecen pensamientos de muerte.
Bibliografía
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Dr. Marco De Nardin
Médico Cirujano, Especialista en Anestesiología, Cuidados Intensivos y Tratamiento del Dolor
El Dr. Marco De Nardin es médico especialista en Anestesiología, Cuidados Intensivos y Tratamiento del Dolor. Completó su formación médica y especialización en Italia, donde continúa ejerciendo en sus clínicas privadas de Mestre (Venecia) y Milán. Con una amplia experiencia clínica adquirida entre quirófanos, unidades de cuidados intensivos y consultas de dolor, el Dr. De Nardin aporta una perspectiva única que conecta la medicina de agudos con el manejo de patologías crónicas. Su práctica clínica se centra en la anestesia locorregional, la ozonoterapia, la terapia infusional intravenosa y los enfoques integrativos del tratamiento del dolor. Es el fundador de Med4Care, una plataforma de información médica que ofrece contenidos sanitarios basados en la evidencia y revisados por médicos en activo. Cada artículo publicado bajo su nombre refleja su compromiso de hacer accesibles al paciente temas médicos complejos, sin sacrificar el rigor científico.




